sábado, 5 de febrero de 2011

Día dieciseis: en bici por Santiago City

En la resi nos prestan bicicletas para que paseemos por Santiago. Son viejas, no les funcionan los frenos y tampoco tienen el palito para apoyarlas (en buen español, el están). Sin embargo, hoy hizo un día tan bonito y tan soleado que salí con dos amigas mexicanas que he hecho acá a correr bici. Sin rumbo, sin saber a dónde íbamos.

Resulta que tomamos un tramito del Camino de Santiago. Muy pequeño, claro. Las cuestas estaban matadoras y las bicicletas en estado de coma. Fuera de la ciudad de Santiago hay una infinidad de paisajes rurales, de casitas que parecen que salieron de "El Señor de los Anillos" (con perdón) y riachuelos que bordean carreteritas de piedra por el cual pasan los peregrinos de camino a Finisterre, donde queman sus ropas cuando culminan el Camino.

Como no fuimos preparadas y no llevamos agua, decidimos virar por la ciudad e irnos a comer unas tapas o algo por el estilo. Llegamos a un restaurante familiar que era atendido por dos viejitos gallegos que no hablaban ni pizca de español. Con lo que entiendo de gallego gracias al portugués, le pedí una ración de entremeses mixtos (un sampler, gente) y quién sabe por qué razón nos trajo tres platos de lomo asado con papas fritas. Aparentemente, no entiendo tanto gallego como creía...

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